El 5 de marzo se celebra el Día Mundial de la Eficiencia Energética, una fecha que nos invita a reflexionar sobre el uso racional de la energía. Si bien hablamos mucho de la transición energética y de cómo debemos dejar atrás los derivados del petróleo, poco se menciona la eficiencia energética como una herramienta fundamental no solo para el planeta, sino también para nuestros bolsillos, tanto en el ámbito doméstico como empresarial.
La eficiencia energética no solo es relevante para las grandes industrias. Tomemos como ejemplo la cámara de turismo de Pichilemu, que ha firmado un acuerdo de producción limpia con objetivos específicos de eficiencia energética. Aunque no lo percibamos directamente, el turismo depende de equipos como refrigeradores, conservadoras y sistemas de climatización. Este mismo principio se aplica a la agricultura, donde el bombeo de agua es vital, y a la minería, donde la demanda de energía es intensa para cumplir con las metas de producción.
En el hogar o en la empresa, las claves para «hacer lo mismo con menos energía» son similares. Primero, es crucial conocer nuestro consumo actual: en las empresas, esto puede lograrse mediante una auditoría energética; en los hogares, revisando el consumo mensual de electricidad en kWh, los litros de derivados del petróleo y los metros cúbicos de biocombustibles sólidos. Después de analizar esta información, es momento de actuar. Al realizar la próxima compra, considera optar por equipos más eficientes, ya sea una gran maquinaria o el refrigerador de su casa por ejemplo. Aunque estos equipos puedan tener un costo inicial mayor, a mediano plazo representarán un ahorro significativo.
La eficiencia energética es responsabilidad de todos. Tanto el equipo de trabajo como la familia deben adoptar prácticas eficientes en su día a día. Es en esos pequeños hábitos diarios donde realmente se gana esta batalla: ser conscientes del uso de los equipos, utilizar eficientemente la calefacción y el aire acondicionado, y saber cuándo abrir o cerrar las ventanas para aprovechar mejor la climatización natural.
Finalmente, lo que no se mide, no se mejora. Hay que medir el progreso y continuar tomando medidas. Puede realizar nuevas auditorías energéticas o simplemente analizar sus costos fijos. Donde hay eficiencia, hay ahorro de energía, y donde hay ahorro de energía, siempre habrá una reducción en los costos mensuales.
Publicado el 5 de marzo de 2025 en Diario El Rancagüino



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